Sociedad Tolkien Uruguaya

Bilbo and Gandalf

Capítulo 1
Aquí me pongo a cantar
tocando de cualquier modo;
les voy a contar a todos,
oiganmé con atención,
el viaje de iniciación
que se mandó el hobbit Frodo.

Del guapo Bilbo Bolsón
era sobrino el petiso,
que era uno que se hizo
famoso por su aventura;
vivía en tiempo e’ cordura
en un aujero del piso.

Se apareció el mago Gandalf
pa’l cumpleaños del tío,
y armó semejante lío
con los cuetes que tiró
que pronto en el caserío
el bailongo se largó.

Era amigo el cumpleañero
del istari calavera,
que lo llevó a una carrera
ande embocó una sortija
que embrujaba al sabandija
siempre que se la pusiera.

El anillo hacía invisible
por algún raro gualicho,
y como Bilbo era bicho
pa’ hacer diabluras lo usó;
más de cien años cumplió
y seguía con sus caprichos.

Se paró el homenajeao
como pa’ hablarle a la gente;
y ansina, en un redepente,
sin que vieran la tramoya,
puso en su dedo la joya
que lo hacía trasparente.

Oculto en la brujería
vio a la gente boquiabierta
con la cara medio muerta;
caminando bien ligero
se llegó hasta su aujero
y le echó tranca a la puerta.

Le esplicó al amigo Gandalf
preparando el equipaje
que dejaba el paisanaje
y que no iba a regresar;
que no quería espichar
sin haber hecho este viaje.

Dejaba al sobrino todo
lo que había en el aujero:
la guitarra, el apero,
la bombacha de faena,
mucha yerba de la güena,
pañuelo y hasta un sombrero.

“¿Y el anillo?”, dijo el mago.
“¿También se lo vas a dar?”
No supo qué contestar;
llevó la mano al bolsillo
donde guardaba el anillo
y ahí nomás dentró a dudar.

Medio haciendosé el pollito
le vaciló: “Y… no sé…
Hace tanto lo gané
y me acostumbré a usarlo,
que pienso en abandonarlo
y me agarra un no sé qué”.

El de la barba, enojao,
se le paró frente a frente
y gritó: “¡No se comente
que se nos vino a enviciá
con la invisibilidá
un gaucho ansí de valiente!”.

Avergonzao por el grito,
Bilbo agachó la cabeza
y contestó con tristeza:
“Tenés razón, che, lo dejo”,
y haciendolé caso al viejo
lo puso arriba e’ la mesa.

Le habría gustao tener tiempo
pa’ saludarlo al pariente;
le encargó muy diligente
que lo despidiera de él,
y marchó pa’ Rivendel
con los elfos, güena gente.

Relojeó el mago el anillo
que tenía frente a sí,
quiso agarrarlo y ahí
le dentró un escalofrío;
en eso llegó el gurí
preguntando por el tío.

Gandalf dijo la verdá:
“Bilbo dejó la querencia;
se fue a vivir con urgencia
al pago e’ lo’ orejudos.
Te deja muchos saludos
y tuitas sus pertenencias”.

Lo desembuchó con bronca
al entripao el muchacho,
y puso el grito: “¡Caracho!
¡Con lo que yo lo quería!”.
Pero llorar no podía
porque no es cosa de machos.

Señalandolé la mesa
dijo Gandalf: “Ese anillo
es el que usa el muy pillo
siempre que desaparece;
guardálo y lustrálo a veces
pa’ que no te pierda brillo”.

Y se fue el mago en el sulky
en el que había llegao.
Iba medio preocupao
con el anillo en las mientes;
rato largo ya había andao
cuando se golpió la frente.

“¡La pucha!” lo largó al grito
y ahí le dentró el jabón,
que si tenía razón
la tierra estaba perdida;
pegó la güelta enseguida
y lo apuró al mancarrón.

Continuará…

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