Sociedad Tolkien Uruguaya

Por: Anton Aus Tirol

1º Capitulo - El luntefaire

Era una tarde poco ventosa y sin nubes en el celeste cielo cuando partimos en la pequeña barca blanca desde el improvisado puerto flotante. Fue construido para mi padre, Gindor, en una lejana bahía poco frecuentada por los hombres del Rey de Nümenor. Gindor lo hizo construir para comerciar y mantener contacto con Gil-Galad, el Rey elfo en la Tierra Media. Pero todo debía ser lo más secreto posible pues en esa época, nosotros, los amigos de los elfos, no éramos ni bien vistos, ni bien recibidos, e incluso en ciertas ciudades éramos muy mal tratados.

La barca también era de mi padre, un gran hombre, siempre tratando de mantener la paz y hacer entrar en razón a los hombres allegados al Rey. Mucha gente le mantenían un gran respeto y era muy querido, porque no era uno de esos aburridos nobles que nunca salen de sus castillos siempre tramando como hacerse más ricos o inmortales. Él, en cambio, siempre estaba haciendo algo productivo, si no eran reformas o nuevas construcciones para mejorar algún poblado y sus alrededores estaba estudiando antiguos libros o reuniéndose con altos mandos aún leales a los antiguos tratados con los dioses y a sus designios. Y discutían como hacer entrar en razón a otros nobles y al Rey.

Mi padre siempre tenía hombres construyendo cosas por ahí. Si no era un molino, era un aserradero o alguna granja o jardines o casas de estudios o monumentos a los grandes Valar. Y mucha gente le apoyaba con materias primas y comida para los trabajadores y siempre que terminaban algún proyecto se hacía una gran fiesta donde todos estaban invitados.

Volviendo al puerto, mi padre era un hombre de gran ingenio y junto con uno de sus locos amigos, Runil, idearon el puerto para que sea fácil de armar y desarmar, y ocultar en unas cuevas de la playa. Era un puerto desmontable o portátil.

Para cuando perdimos de vista la costa, ya casi todo el trabajo de desarme del puerto debía de estar completado. Los trabajadores tenían, ya, mucha experiencia en este trabajo, y trabajaban muy eficiente y organizadamente.

Al terminar, deberían partir en 4 grupos de 5 ó 6 hombres en varias carrozas. En distintos caminos, pues debían tomar muchas precauciones. Todo esto ya se venía repitiendo desde que Sauron, el enemigo oscuro del mundo libre, vino desde el este y trajo consigo la cizaña, la desgracia, la peste y la muerte.

Muy pocos hombres y mujeres tenían conocimiento de nuestra empresa. Pero nuestro barco ya había sido visto por varias embarcaciones anteriormente y se había ganado la reputación de barco fantasma. En parte por la gran velocidad de navegación que poseía y en parte por el blanco refulgente de sus maderas que le daban un aire de insustancial y un brillo de ultra mundo.

Normalmente el barco fantasma o luntefaire en Quenya, como ya le comenzamos a llamar, zarpaba en días de mucho viento, pues esta era su principal fuente de movimiento. También lo eran las corrientes marinas, pero en menor grado. Pero, debido a la grave situación de crisis que afectaba al Reino de Nümenor, y viendo que una enorme guerra se avecinaba, tuvimos que zarpar en condiciones muy desfavorables. Confiábamos en que el tiempo cambiase en el transcurso del viaje.

En la barca íbamos Simbäd, Brumil, Runil, Zaharen, Mahiren, Clark, Rumínion, Blunk, Burnor, y yo.

Simbäd es un famosísimo capitán de barco que había recorrido muchísimas leguas y tierras completamente desconocidas. Era un legendario aventurero que siempre se prestaba a realizar grandes hazañas para engrandecer la gloria de su Nación.

Runil, Zaharen, Mahiren son compañeros de Simbäd, de los pocos que aún quedan con vida.

Runil es muy diestro en las reparaciones, trabajos manuales, el uso de herramientas e invención de aparatos y trampas.

Zaharen es muy bueno utilizando el arco largo, podía darle a un blanco a una distancia de 100 metros en un día con viento, pero era un poco bruto y sin cultura.

Mahiren era el calculador de grupo, ese personaje con sangre fría, que no se deja llevar por las emociones, ni amorosas ni temerarias. Más de una vez Mahiren rescató a Simbäd de las garras de una hermosa y seductora mujer que lo llevaría a la muerte. Era el encargado de regresarlos a la realidad. Era bueno tener una mente calculadora y firme entre tantos aventureros medio locos que no le temían a la muerte.

Brumil, Clark, Ruminion y Blunk son amigos de mi padre.

Brumil y Runil son vigías. Clark es un viejo amigo de mi padre. Es un gran capitán, no tan legendario como Simbäd pero, igualmente, con un gran número de hazañas.

Ruminion es un gran soldado, con mucha experiencia en los combates, pues había luchado en varias batallas contra los aliados de Sauron en la Tierra Media.

Blunk es nuestro comerciante, un hombre algo gordo, pero muy amistoso, y culto. Aunque era muy diplomático, siempre se las ingeniaba para salir ganando en sus negocios, ya sea comerciando con mercaderías o con nuestras vidas. Es muy persuasivo.
(Por último estaba Burnor, quien era un desconocido entre los tripulantes. Debía de ser una persona de extrema importancia o con un asunto de mucha urgencia, pues mi padre no me dijo quien era.)
2º Capitulo - Fieros Piratas Marinos

Ya dos días habían transcurrido de nuestro viaje y el tiempo apenas había mejorado. El sol quemaba todo lo que tenía debajo y el viento apenas daba para movernos con una digna agilidad. En dos días no nos cruzamos con una sola nube.

- Si seguimos con esta racha vamos a llegar en la próxima Era. – Decía Blunk, al menos diez veces por día.

Lo peor de todo era que no había nada para hacer en el barco. Solo teníamos que mantenerlo andando. Simbäd, Zaharen y Mahiren se pasaban todo el día pescando y contando chistes y hazañas inventadas.

- Una vez estuvimos perdidos con Simbäd en medio del gran mar, – comentaba Zaharen – luego de una monstruosa tormenta que duró siete días. Estuvimos perdidos durante once días más. ¿Verdad Simbäd? En esos once días el tiempo estuvo peor que ahora. El aire flotaba pesado sobre nosotros y no se movían ni los peces debajo del agua. – Y hacía una pausa para darle dramatismo. – Yo diría que hoy es un fresco día de primavera si lo comparamos con cualquiera de esos once días. – Se quedó como pensativo y volvió a afirmar. – Sí, un frío día de invierno. – Y ahí todos estallamos en carcajadas.

Pero rápidamente nos interrumpieron los gritos de Brumil.

- Barco a babor..

Todo nos aprestamos a ir donde Brumil para ver el barco pero solo Runil pudo confirmar la aparición.

- Lo más probable es que todavía no nos hayan visto, solo somos un reflejo en el mar y aparte estamos muy lejos. ¿Puedes ver hacía donde se dirigen? – Preguntó Simbäd a Brumil.

- Da la impresión de que se acercan. – Respondió luego de aguzar la vista unos instantes. – Pero no puedo asegurarlo.

- Entonces tenemos que dar un gran rodeo para salir de su camino y a su vez seguir con el nuestro. – Comenté yo.

- ¿Estás seguro de que es solo un barco? – Le preguntó Burnor a Brumil al tiempo que se acercaba con un artefacto de cuero y metal en forma de tuvo de medio metro de longitud aproximadamente.

Burnor puso su ojo izquierdo sobre uno de los extremos y lanzó una exclamación de asombro. Luego apuntó con el artefacto a donde debería estar el barco y comenzó a describirnos lo que acontecía.

- Son dos barcos, parece que están entrando en combate. Un barco tiene una bandera negra con manchas rojas que no logro distinguir. Y el otro parece ser un barco mercante, con la bandera blanca y verde de la ciudad de Haerlond.

- Déjame ver – Dijo Simbäd. Y tomo el tubo de cuero y metal de las manos de Burnor.

- Un barco mercante que viene de la Tierra Media, sin la protección de un barco de guerra del Rey solo puede ser un grupo como el nuestro. ¡¡ Debemos ayudarles!! – Grito Simbäd. – Inröd, nos dirigimos exactamente a donde Runil te indique. Brumil, té quedas con migo y me indicas que está pasando. – ordenó al tiempo que le devolvía el tuvo de cuero y metal a Burnor. – Zaharen ve por mi cota, espada, puñal y látigo. El resto, prepárense para una batalla. – Ordenó fuerte y claro, sin titubear y sin pedir consejo de nadie.

Zaharen, Mahiren, Clark y Ruminion fueron en busca de sus armas y armaduras. Blunk fue a preparar el arpón hace poco instalado en la proa de la nave.

El único que se quedó parado sin hacer nada fue Burnor.

- Nuestra misión es demasiado importante como para arriesgarla en una batalla que no nos llamó. Aún así, y viendo que todos tus hombres te seguirán sin pensarlo, aunque tú te dirijas a la Sombra y yo a la Tierra Imperecedera. – Hizo una pausa – Me prepararé para la batalla.

Zaharen subió con su armadura puesta, un arco largo, un carcaj lleno de flechas, su espada y las cosas de Simbäd.

Mahiren llegó también preparado con un arco, una armadura liviana y una espada envainada en su cintura. Pero traía también un yelmo muy brillante en su cabeza, que combinaba con el brillo de su armadura. Trajo una espada y una cota de malla para mí, que me la puse mientras él controlaba la dirección del barco. Runil bajó para preparase junto con Blunk.

Luego subieron Clark y Ruminion, que parecían auténticos reyes con sus poderosas armaduras. Clark traía un arco largo también con él.

Ya comenzábamos a ver los barcos con claridad, a una distancia de quinientos metros. Todos estábamos preparados. Toda la tripulación del Luntefaire estaba en absoluta calma, menos yo. Que me estaba preparando para mi primera batalla. Estaba muerto de nervios. Zaharen, Mahiren, Clark y Runil estaban apostados arriba de los camarotes, en una posición elevada. El resto estábamos en la cubierta. Blunk al lado del arpón, y yo al timón. Brumil portaba dos hachas de mano, Burnor una espléndida espada y una cota de malla debajo de sus ropas. A Simbäd y Ruminion les saltaban chispas de los ojos.

Entonces Ruminion hizo sonar su cuero de batalla. Y sonó tan fuerte y claro en el caluroso aire marino que me llenó de valor y energía. Era un hermoso día para dejar la vida en esta batalla.

- Preparen los arcos. Blunk, el arpón. Bajen la vela – Gritó Simbäd.

Burnor, Brumil y Ruminion se apresuraron a bajar la vela que nos mantenía en movimiento.

En el barco pirata no quedaba prácticamente un solo pirata. El barco mercante, en cambio, tenía algunas zonas en llamas y toda la cubierta estaba llena de piratas y algunos marinos que resistían atrincherados. Debía de haber unos cincuenta piratas al menos. Todos completamente desorganizados. Algunos ya estaban arrojando barriles y cajones a la cubierta de su barco. No parecían haber escuchado el cuerno de Ruminion. Aunque era imposible no haberlo escuchado.

- Cuando estén a distancia, disparen. – ordenó Simbäd.

Nos acercamos de manera de quedar al otro costado del barco mercante, en cuyo otro extremo estaba amarrado el barco pirata. A unos veinte metros. Varias flechas salieron disparadas desde nuestro barco y varios piratas cayeron muertos. Blunk disparó el arpón que dio al costado del mercante y comenzó a atraernos.

Y comenzó la batalla.

Varías flechas piratas volaron en nuestra dirección pero llegaban sin dirección o fuerza.

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